lunes, 14 de enero de 2013

EL QUE MUCHO ABARCA, POCO APRIETA

Cloud Atlas o el arte de enredar seis historias 
(no contiene spoilers)
Fui a ver Cloud Atlas de pura casualidad, ni siquiera sabía de qué se trataba. Yo iba al cine con intención de ver Vida de Pi, más por el gusto de ver a un gato grande en una pantalla grande, pero a la hora de la hora se me desantojó porque mi querida Iliana Olmedo ya me había regalado el libro en mi cumple y no puede ser mejor la peli que lo imaginado por mi cabezota, entonces decidí entrar a la sala de Cloud Atlas, el nombre no dice mucho, pero el cartel sí... de hecho creo que dice demasiado. En esa película todo es demasiado.

Dice el refrán que el que mucho abarca poco aprieta, y creo que eso fue lo que pasó con el criticado y abucheado y controvertido filme de Tom Tykwer (Corre Lola, corre) y los hermanos Wachowsky (Matrix), basado en una novela de David Mitchel que no sé si leeré algún día.

De cine no sé más que sentarme a comer palomitas, así que no me voy a poner a criticar eso. Si vemos el argumento de Cloud Atlas como 6 historias simples y bien contadas, entrelazadas por la premisa de los mundos paralelos y la reencarnación, entonces sí, tenemos una cosa buena, ¡muy buena! Pero por donde se le vea, una sola sentada de 3 horas es insuficiente para profundizar en 6 historias, identificarse con los personajes, lograr el clímax y el desenlace de cada una de ellas y de todas en suma. El intento, no obstante, es muy respetable.

Lo interesante de todo este asunto...
Me parece que Cloud Atlas se arriesga a cuestionar qué tanto estamos condicionados a determinados modelos argumentales. Que si el primer clímax tiene que suceder al minuto tal, que si en cierto momento de la historia es obligado que se besen los novios o que se peleen el chicho contra el villano y justo antes de dar todo por perdido llega algo o alguien a salvar el día.

Lo peor es que cualquier otro modelo que se aleje un poco de esta súper asimilada convención nos causa insatisfacción y desconcierto. Estamos condicionados como perros de Pavlov, como las parejas que pasan muchos años haciendo el amor de la misma manera y si les cambian la jugada tantito ya no la arman.

¿Qué tanto hay que alejarse de los modelos tradicionales para proponer cosas nuevas?
¿Qué tanto hay que apegarse a los modelos de siempre para que el público no salga con su cara de fuchi y logre asimilar la novedad?

Cloud Atlas no es un manifiesto artístico, ni mucho menos, pero se arriesgó, y ya nomás por eso merece mis laúdes. Ahora que la escena del escritor enojado porque su libro no se vende y su manera de enfrentar a la crítica literaria acabó por desquitar mis 60 pesotes.

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