jueves, 20 de diciembre de 2012

CÓMO REVIVIR UN BLOG


No es desidia, no es flojera, no es indisciplina (aunque a veces sí). No es pánico escénico (aunque debería ser). No es bloqueo creativo, falta de tiempo, falta de algo qué decir (si así fuera, el feis estaría desierto)... 


La taza de mortandad de los blogs es más alta que la de los pececitos dorados que regalan en las ferias. Ahora que, a diferencia de los pececitos, el retrete por el que se van los blogs es sólo metafórico, así que resulta muy sencillo darles RCP para que sigan viviendo y lleguen a ser lo que siempre estuvieron destinados a ser: una bitácora de cosas intrascendentes que nadie leerá además de aquellos amigos capaces de llevarte cigarros, aspirinas y papel del baño cuando vas a dar al Torito. Y claro, también lo leerán de vez en cuando tu papá, tu abuelita y tus primas sólo para enterarse de tus intimidades y ventanearte en la cena de Navidad: “Ay, por cierto, ya leí tu blog... No sabía que te gustara tanto tomar, ehhhh...” o “¿Es cierto eso de que vas a las luchas? Yo nunca te he enseñado esas malas costumbres, ¡la lucha libre es para personas que no tienen educación, Carlita! Cómo voy a creer que una muchachita como tú... guachu guachu guachu guá...” o “Por favor dime que el tatuaje ese que dices que tienes es temporal, mijo”.

Y bueno, ahora que me dispongo a darle RCP a este bonito blog, se me ocurre que no es mala idea empezar por las 10 cosas que se necesitan para revivir un blog (el número es puro asunto de mercadotecnia).

1. Adelanta unas 5 entradas si no quieres hacer el oso de decirle a todos tus amigos que vas a volver a escribir en tu blog y sales con una llamarada de petate. Acuérdate del cuento de Pedro y el lobo.

2. Anota tus temas siempre. SIEMPRE. Si te da pena sacar tu libretita en el microbús, escribe en el Evernote, así la gente pensará que estás tuiteando puras genialidades. Si en los efluvios oníricos del entresueño te llega una idea chida, anótala. Pero de verdad anótala, aunque sea muy tonta y al otro día prendas el boiler con el papelito. Está científicamente comprobado que jamás nunca ever vas a volver a acordarte.

3. Ya lo decía Rocío Durcal, la costumbre es más fuerte que el amor. Seguro será más fácil mantener cierta constancia si la práctica de llevar un blog se engancha con un hábito... Digamos, los viernes antes de darle una patada a la silla de la oficina, en la procrastinación de los lunes por la mañana antes de la junta o cuando te levantas, en lugar de ver las mensadas del noticiero que nomás sirven para ponerte de malas todo el día.

4. Hay que decir las tonterías que te pegue la gana decir. Si se pone uno acá muy pretencioso caes gordo y ni tú solito te crees tu propio choro. Luego si te pones a pensar que tu blog va a ser famoso y que si lo va a leer Diego Luna y que si lo va a tuitear Ari Volovich, y te da por escribir pura cosa acá del hilo negro de la vida (o del calzón de la vida), pos no. Se nota artificial y eso es muy feo, casi tanto como los dientes postizos, como retrato de fotochó, como uña de acrílico con paisaje marino en miniatura...  

5. No le digas a tu familia que tienes un blog. La verdad es que ni les interesa, nomás quieren molestarte. No dudo que haya familias muy openmain, pero si eres de Guadalajara, Guanajuato o San Pedro Garza García vale más que te vayas ahorrando problemas y explicaciones. Que si la ficción literaria, que si los desdoblamientos de personaje, que si las arañas... ¡no van a entender! Si escribes un cuento donde la protagonista es algo así como Salma Hayek en el Callejón de los milagros, para tu abuelita la pécora serás tú.

Llegué a cinco y se me cansó el caballo. En estos casos lo que hacen Jorge Bucay y Pablo Coelho es repetir variaciones de los puntos anteriores o parafrasear una cosa de la Biblia o malinterpretar algo de Jung o de Freud, cosa que por honestidad yo jamás haría, así que ahí le paro... Bueno, uno mas...

6. La creación de algo nuevo no se logra con el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama. (C.G. Jung)

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