lunes, 24 de diciembre de 2012

A ESCONDERSE ¡QUE AHÍ VIENE LA BASURA!


En estos días de flojera uno suele quedar sepultado debajo de una montaña de cobijas, apenas con un huequito para ver la tele y la mano afuera con el control remoto...

Pero tarde o temprano llega el momento en que uno dice: Basta. Te levantas al baño a hacer pipí y de pronto te das cuenta de lo mugrosa que está la cortina de la regadera, de que esa maldita mesa fea no debería estar ahí porque cada que pasas te pegas en las caderas, de que no estaría mal darle una manita de pintura a las paredes, comprar un nuevo librero...
Entonces sobrevienen los ataques de arreglitis, una cosa lleva a la otra, y cuando menos nos damos cuenta la casa está patas arriba y no sabe uno ni cómo ni por dónde.
En estos casos, lo más recomendable es seguir el orden que dicta el sentido común.

1. Lo grande: pintar, cambiar cañerías, instalaciones eléctricas, piso, resanes, etcétera. Todo lo que sea de talacha ruda, todo lo que implique acudir al cajón de las herramientas, vale más que lo resolvamos de una vez, antes de cualquier otra cosa.

2. El trabajo sucio: luego de pasar por el lapsus de instalación y talacha, después de una buena dosis de testosterona, rotomartillo y cincel, viene ahora la limpiadera. A ponerse los guantes porque va pa largo. Es momento de invocar a Mister Músculo y acabar con el cochambre y las borlas de pelusa escondidas por los rincones temerosas de que alguien las vea.

3. Adiós al tilichero: conforme uno limpia, arregla y acomoda van apareciendo toda clase de tiliches inútiles, o más bien, uno se va dando cuenta de lo inútiles que son esos tiliches. Esa bici fija no tiene ningún propósito, no sirve, no la vas a reparar ni tienes intención de volver a usarla. Tampoco tiene caso que sigas guardando las zapatillas chuecas que jamás volverás a ponerte porque te sacaron ampolla, o la colección de suéteres apolillados de tu querido abuelo, descanse en paz.

4. Las mugritas: es lo más tardado y tedioso, pero también es la cosa más terapéutica del mundo, en realidad se trata de borrar todo lo que no sirve del pasado y poner en orden el presente. Y no sólo es cuestión de tirar a la basura los estorbos vitales, sino de hacer un profundo autoexamen para ver si vale la pena seguir guardando los recuerditos de los exnovios, las libretas de "poesías" de la secundaria y demás cursilerías que, queramos aceptarlo o no, forman parte de lo que somos ahora. Esa es la parte difícil.
La parte tediosa es cuando te enfrentas a los papelitos, documentos oficiales, cosas de la contabilidad. La basura digital, los archivos viejos, los respaldos, los cables y los chunches obsoletos es otro tema que da para hacer todo un seminario.
Luego está el cajón detodo. Todos tenemos un cajón detodo, a veces es mejor hacerse de la vista gorda y dejar que siga siendo el revolcado y caótico cajón detodo, a fin de cuentas, es una parte esencial de nuestro ser.

3 comentarios:

  1. Misterios sin resolver presenta ¿De dónde vienen las borlas de pelusa? ¿de mi ombligo?

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  2. Investigaciones científicas recientes han demostrado que las borlas de pelusa son un remanente de la materia oscura en forma ectoplásmica, son una materialización de nanopartículas estroboscópicas condensadas por la oscuridad.

    Saca tus puesías, Héctor!!!

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