lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ÚLTIMOS CASI NUNCA SON LOS PRIMEROS

La desventaja de apellidarse Zavala...
Como me apellido Barrera y siempre había quedado en los primeros 5 lugares de la lista, nunca se me había ocurrido lo terrible que es apellidarse Zavala, Zambrano, Yépez o Valencia.
Fue hace poco, en el curso propedéutico de la maestría, que pude experimentar en carne propia lo que se siente quedar hasta el final de una lista como de ochenta gentes, y más cuando se trataba de ir pasando de uno en uno a que nos dieran asesoría sobre teoría literaria y esas cosas que en realidad nadie entiende, pero hay que hacer como que sí.
La culpa fue de un compañero, cuyo nombre no diré para no delatarlo, pero que empieza con "A" y acaba con "cuña", quien tiempo atrás había propiciado con justa razón el rencor de la profesora. Ella, al ver que el susodicho estaba entre los presentes, nomás por hacerlo sufrir decidió “cambiar el orden convencional de la lista” y comenzar por la Z.
Durante las 4 horas que tuvimos que esperar a que nos tocara nuestro turno estuve pensando: Ah, caray, que feo es esto, no me imaginaba la desazón y el desamparo de los Vásquez cuando se trata de empezar en orden alfabético. Es como la marca de un destino siniestro que para siempre los colocará al final. Como llegar tarde a la vida. Como tener 
de marca de nacimiento el signo de la espera y de la incertidumbre.
Me pregunto si ser de los últimos de la lista genera algún tipo de trauma:
Cuando organizaban excursiones en autobús a los pobres les tocaba sentarse hasta atrás, junto a los baños.
En las entrevistas de trabajo, castings y demás, si toca pasar en orden alfabético ya estuvo que van a agarrar cansados a los jueces o evaluadores.
Lo mismo pasa si el profe revisa los exámenes en orden alfabético, a esas alturas ya nomás quiere poner taches y acabar pronto.
Si escribe un libro, quedará arrumbado en el último anaquel de las bibliotecas y las librerías.
Si se vuelve famoso y su nombre aparece en las enciclopedias, si lo publican en una antología de jóvenes narradores, quedará hasta el final, de plano a la vuelta del colofón.

Los últimos de la lista deben escuchar frases como:
–¡No me digas, ¿en serio faltaba uno? –O...

–Uy, se acabaron los desayunos escolares, es que no trajimos suficientes.

Deben conocer muy bien el arte de la espera, saben entretenerse con revistas viejas, son expertos en crucigramas, se ligan a la recepcionista, aprenden a leer en el rostro de los que pasan antes el pronóstico de lo que les espera. Aprenden a ir al grano a la hora de exponer una idea. Conocen el tiempo mejor que nadie, pueden ver en perspectiva las maquinaciones del destino, el teatro de la vida, aunque por donde se le vea, no deja de ser una mala pasada de la suerte.

lunes, 24 de diciembre de 2012

A ESCONDERSE ¡QUE AHÍ VIENE LA BASURA!


En estos días de flojera uno suele quedar sepultado debajo de una montaña de cobijas, apenas con un huequito para ver la tele y la mano afuera con el control remoto...

Pero tarde o temprano llega el momento en que uno dice: Basta. Te levantas al baño a hacer pipí y de pronto te das cuenta de lo mugrosa que está la cortina de la regadera, de que esa maldita mesa fea no debería estar ahí porque cada que pasas te pegas en las caderas, de que no estaría mal darle una manita de pintura a las paredes, comprar un nuevo librero...
Entonces sobrevienen los ataques de arreglitis, una cosa lleva a la otra, y cuando menos nos damos cuenta la casa está patas arriba y no sabe uno ni cómo ni por dónde.
En estos casos, lo más recomendable es seguir el orden que dicta el sentido común.

1. Lo grande: pintar, cambiar cañerías, instalaciones eléctricas, piso, resanes, etcétera. Todo lo que sea de talacha ruda, todo lo que implique acudir al cajón de las herramientas, vale más que lo resolvamos de una vez, antes de cualquier otra cosa.

2. El trabajo sucio: luego de pasar por el lapsus de instalación y talacha, después de una buena dosis de testosterona, rotomartillo y cincel, viene ahora la limpiadera. A ponerse los guantes porque va pa largo. Es momento de invocar a Mister Músculo y acabar con el cochambre y las borlas de pelusa escondidas por los rincones temerosas de que alguien las vea.

3. Adiós al tilichero: conforme uno limpia, arregla y acomoda van apareciendo toda clase de tiliches inútiles, o más bien, uno se va dando cuenta de lo inútiles que son esos tiliches. Esa bici fija no tiene ningún propósito, no sirve, no la vas a reparar ni tienes intención de volver a usarla. Tampoco tiene caso que sigas guardando las zapatillas chuecas que jamás volverás a ponerte porque te sacaron ampolla, o la colección de suéteres apolillados de tu querido abuelo, descanse en paz.

4. Las mugritas: es lo más tardado y tedioso, pero también es la cosa más terapéutica del mundo, en realidad se trata de borrar todo lo que no sirve del pasado y poner en orden el presente. Y no sólo es cuestión de tirar a la basura los estorbos vitales, sino de hacer un profundo autoexamen para ver si vale la pena seguir guardando los recuerditos de los exnovios, las libretas de "poesías" de la secundaria y demás cursilerías que, queramos aceptarlo o no, forman parte de lo que somos ahora. Esa es la parte difícil.
La parte tediosa es cuando te enfrentas a los papelitos, documentos oficiales, cosas de la contabilidad. La basura digital, los archivos viejos, los respaldos, los cables y los chunches obsoletos es otro tema que da para hacer todo un seminario.
Luego está el cajón detodo. Todos tenemos un cajón detodo, a veces es mejor hacerse de la vista gorda y dejar que siga siendo el revolcado y caótico cajón detodo, a fin de cuentas, es una parte esencial de nuestro ser.

jueves, 20 de diciembre de 2012

CÓMO REVIVIR UN BLOG


No es desidia, no es flojera, no es indisciplina (aunque a veces sí). No es pánico escénico (aunque debería ser). No es bloqueo creativo, falta de tiempo, falta de algo qué decir (si así fuera, el feis estaría desierto)... 


La taza de mortandad de los blogs es más alta que la de los pececitos dorados que regalan en las ferias. Ahora que, a diferencia de los pececitos, el retrete por el que se van los blogs es sólo metafórico, así que resulta muy sencillo darles RCP para que sigan viviendo y lleguen a ser lo que siempre estuvieron destinados a ser: una bitácora de cosas intrascendentes que nadie leerá además de aquellos amigos capaces de llevarte cigarros, aspirinas y papel del baño cuando vas a dar al Torito. Y claro, también lo leerán de vez en cuando tu papá, tu abuelita y tus primas sólo para enterarse de tus intimidades y ventanearte en la cena de Navidad: “Ay, por cierto, ya leí tu blog... No sabía que te gustara tanto tomar, ehhhh...” o “¿Es cierto eso de que vas a las luchas? Yo nunca te he enseñado esas malas costumbres, ¡la lucha libre es para personas que no tienen educación, Carlita! Cómo voy a creer que una muchachita como tú... guachu guachu guachu guá...” o “Por favor dime que el tatuaje ese que dices que tienes es temporal, mijo”.

Y bueno, ahora que me dispongo a darle RCP a este bonito blog, se me ocurre que no es mala idea empezar por las 10 cosas que se necesitan para revivir un blog (el número es puro asunto de mercadotecnia).

1. Adelanta unas 5 entradas si no quieres hacer el oso de decirle a todos tus amigos que vas a volver a escribir en tu blog y sales con una llamarada de petate. Acuérdate del cuento de Pedro y el lobo.

2. Anota tus temas siempre. SIEMPRE. Si te da pena sacar tu libretita en el microbús, escribe en el Evernote, así la gente pensará que estás tuiteando puras genialidades. Si en los efluvios oníricos del entresueño te llega una idea chida, anótala. Pero de verdad anótala, aunque sea muy tonta y al otro día prendas el boiler con el papelito. Está científicamente comprobado que jamás nunca ever vas a volver a acordarte.

3. Ya lo decía Rocío Durcal, la costumbre es más fuerte que el amor. Seguro será más fácil mantener cierta constancia si la práctica de llevar un blog se engancha con un hábito... Digamos, los viernes antes de darle una patada a la silla de la oficina, en la procrastinación de los lunes por la mañana antes de la junta o cuando te levantas, en lugar de ver las mensadas del noticiero que nomás sirven para ponerte de malas todo el día.

4. Hay que decir las tonterías que te pegue la gana decir. Si se pone uno acá muy pretencioso caes gordo y ni tú solito te crees tu propio choro. Luego si te pones a pensar que tu blog va a ser famoso y que si lo va a leer Diego Luna y que si lo va a tuitear Ari Volovich, y te da por escribir pura cosa acá del hilo negro de la vida (o del calzón de la vida), pos no. Se nota artificial y eso es muy feo, casi tanto como los dientes postizos, como retrato de fotochó, como uña de acrílico con paisaje marino en miniatura...  

5. No le digas a tu familia que tienes un blog. La verdad es que ni les interesa, nomás quieren molestarte. No dudo que haya familias muy openmain, pero si eres de Guadalajara, Guanajuato o San Pedro Garza García vale más que te vayas ahorrando problemas y explicaciones. Que si la ficción literaria, que si los desdoblamientos de personaje, que si las arañas... ¡no van a entender! Si escribes un cuento donde la protagonista es algo así como Salma Hayek en el Callejón de los milagros, para tu abuelita la pécora serás tú.

Llegué a cinco y se me cansó el caballo. En estos casos lo que hacen Jorge Bucay y Pablo Coelho es repetir variaciones de los puntos anteriores o parafrasear una cosa de la Biblia o malinterpretar algo de Jung o de Freud, cosa que por honestidad yo jamás haría, así que ahí le paro... Bueno, uno mas...

6. La creación de algo nuevo no se logra con el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama. (C.G. Jung)